Hamlet

   
 Irina estaba sentada frente a un plato de comida. Sobre la mesa reposaba un libro abierto. Ser o no ser esa es la cuestión. Ahí detuvo su lectura. Volvió a mirar el reloj de pared. Las manecillas parecían girar tan rápido. Su tiempo se terminaba. Buscó en su pasado y, encontró solo un suspiro. Era demasiado pronto para ella.

    Entonces aquel hombre taciturno de edad indefinida y rasgos funestos se acercó de nuevo a Irina. 
    ─¿Ya tienes la respuesta? ─dijo deslizando una sonrisa entre sus labios. 
    ─Sólo deseo vivir ─respondió furiosa. 
    El hombre torció el gesto y apretó los puños con rabia. Dejó caer una cápsula de antídoto sobre el mantel y se marchó desfilando como en un funeral.